Son tiempos difíciles. Esta nueva (a)normalidad que vivimos desde marzo, a quien más a quien menos, nos tiene descolocados. Muchas y muy diversas son las emociones que toda esta nueva situación y sus múltiples implicaciones suscitan en cada persona. La vida, además, se ha vaciado en cierto modo de los antiguos contenidos (cómo desempeñábamos nuestros trabajos, cómo nos movíamos por la ciudad, cómo nos relacionábamos, cómo disfrutábamos nuestro tiempo libre...), dejándonos como despojados y desconcertados; un poco como "con cara de portero goleao", como diría Ricky López. Las capas más superficiales de la vida están bastante teñidas de confusión e incertidumbre. Y no sólo las superficiales, también las inmediatamente siguientes en el camino al corazón de nuestro corazón (valga la redundancia). También hay mucha violencia y mucha polarización en los interiores de las personas, a cuya suavización no ayuda la nefasta gestión de esta pandemia por parte de nuestros políticos que nos muestran cotidianamente los telediarios.
Este blog surge como forma de reivindicar la capa profunda de la vida, la que está ahí cuando buceamos un poco más, la que aún sigue intacta. Una imagen clásica en meditación es la del lago; el lago cuya superficie pasa por diferentes estados en función del clima externo, pero cuyo fondo queda siempre preservado, estable y tranquilo. Quisiera que este blog fuera una ventana a esa capa más profunda que sigue albergando la vida. En tiempos como estos es fácil que nuestra atención seleccione automáticamente las cosas que nos producen incertidumbre, las pérdidas que alimentan esa especie de tristeza colectiva que arrastramos, lo soso y rutinario de esta comida poco apetecible en la que de repente parece haberse convertido la vida, limitados en muchas ocasiones a trabajar y regresar a casa (si es que conservamos el trabajo), con las opciones de ocio reducidas por la necesidad de preservar la seguridad, y con la distancia con nuestros seres queridos como precepto de responsabilidad y prudencia.
Este blog quiere ir un poco más allá y descubrir las grietas por las que, si miramos con la curiosidad y la inocencia de los niños, podremos seguir asombrándonos con la belleza de la vida. Y es que, los corazones maltrechos de esta etapa necesitan Belleza y algunas cosas más. La indignación, tan necesaria para alcanzar la justicia, puede acabar perforándonos el estómago si no la regamos con un poco de dulzura. La tristeza por lo perdido se convertirá en depresión si no reparamos en los discretos indicios de que aún queda mucho de valioso y mucha novedad en la vida por ser actualizada. El enfado que brota de la injusticia sentida por las consecuencias sociales y laborales de esta crisis, y que es fundamental para ser capaces de luchar por nuestros derechos, nos acabará consumiendo y distanciando de todo y de todos si no dejamos que los bálsamos naturales que se tejen en las relaciones entre los seres (no sólo humanos) que habitan este mundo nos suavicen el alma y nos ablanden la mirada.

Este blog surge, por tanto, de mi necesidad de recuperar, aun en medio de este fango actual, la dimensión profunda y hermosa de la vida; de mirar con gafas contemplativas mi cotidianeidad y descubrir los tintes de trascendencia y milagro que se otean cuando una se anima a mirar por esas sutilmente perceptibles grietas de la vida.

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